sábado, 16 de mayo de 2026

dejar fluir 2

 "Dolerse es otra cosa muy distinta que sufrir. El dolor y la tristeza circulan si les abrimos el paso, y el sufrimiento es la consecuencia de cerrárselo."

"Igual que un río fluye naturalmente y, por muchos obstáculos que encuentre, lo seguirá haciendo, la vida necesita ser expresada y siempre empujará para ello. Y el dolor forma parte de la vida, como el placer o el miedo."


"El esfuerzo que hacemos para eludir lo que sentimos (cuando nos resulta difícil o incómodo) puede hacernos sufrir, y mucho. Negar aquello que nos duele, quitarle importancia, ponernos hiperactivos para no enterarnos, disfrazarnos de «estoy bien» o «no pasa nada» (cuando sí que pasa) son formas de pretender distraer y evitar, inútilmente, aquello que nos está pasando por dentro."


"Es muy común que la persona, a pesar de ser consciente de que está haciendo terapia para encarar su propia verdad, se niegue a sí misma su malestar, su enfado, su tristeza, su miedo."


"Mi labor es ayudarla a que se dé cuenta de lo que está haciendo y cómo lo está haciendo (dejando de respirar o engañándose a sí misma, por ejemplo) para que poco a poco pueda ir aflojando la resistencia que ejerce para que «eso» que pretende evitar no sea visto o no sea expresado. De esa forma irá adueñándose de su propio sentir y de su propia experiencia y, naturalmente, irá desarrollando los recursos para poder sentirse triste, agresiva o miedosa, y, cuando se permite eso y le abre el paso para que circule, acabará pasando. En cambio, cuanto más se resiste a ello, más perdura el sufrimiento causado por la propia resistencia."


"Así que tengo dos opciones: o fluyo con la vida o me resisto a ella."


"Y fluir no es ponerle buena cara a todo ¡no! (eso sería falsearme). Fluir es permitirme sentir lo que sea que siento, abrirle el paso sin oponerme a lo que soy y sin pelearme conmigo."


"Y sí, es cierto, no es nada fácil y muchas veces no puedo o no quiero hacerlo."


"Y, por supuesto, me sigo resistiendo, y pretendo muchas veces que los demás sean como yo quiero que sean y hagan lo que yo quiero que hagan, y me encuentro a menudo haciendo mil piruetas para evitar mi destino (o el que imagino). Ese es el mayor generador de ansiedad y de angustia, junto con negar lo que está ocurriendo, porque no me gusta, porque me duele, porque me asusta. Mucho esfuerzo estéril y mucha energía malgastada."


"Dejar que eso que me está sucediendo me suceda es para mí el secreto (y voy a atreverme a decirlo...) de la felicidad. Abrirme a lo que soy y a lo que siento, al dolor y al placer, dejar paso a la alegría, a la ilusión, al miedo, a la tristeza, a la furia, a sentir amor y agradecimiento, a sentir celos, incertidumbre, satisfacción, etcétera, es vivir en plenitud mi existencia."


"Aceptar aquello que siento y que soy no es resignarme, es liberarme. Y, como terapeuta, esa actitud de «dejar que suceda» es para mí quizás la más difícil de alcanzar: si dejo que el paciente sea lo que es y que le pase lo que le pasa, sin pretender que sea otra cosa que eso, irá contagiándose poco a poco de esa actitud de permiso para ser quien es."


"Tengo comprobado, que cuando estoy en ese lugar de no pretender nada más que estar presente, sin intentar, ni externa ni internamente, que nada de lo que le ocurre a la persona sea diferente de lo que es, eso tiene, como si de un cuentagotas se tratara, un efecto que ayuda a que la persona vaya reconciliándose consigo misma. Y esto lo aprendí y lo entrené mucho durante mis años de terapia. Mi terapeuta no pretendía que lo que me pasaba fuera distinto, me acompañaba en ello con total respeto y permiso, y eso fue fundamental para que yo fuera aprendiendo a relacionarme conmigo de esa manera, sin juicio, con comprensión y con espacio interno para dejarlo ser, para dejarme ser."


"Me ayuda recordarme a mí misma que yo no estoy ahí para que esa persona cambie, sino para acompañarla en el proceso de acercarse a sí misma y vaya entrenándose en eso de «dejar que le suceda lo que le sucede», y esa, para mí, es la verdadera transformación: pasar de pelearse consigo misma a aceptar quien es y a asumir sus propias responsabilidades."


"Y eso solo puedo hacerlo en la medida en que lo hago conmigo. Aquello que yo no pueda sostener aquí dentro no voy a poder acompañarlo en el otro; si yo no puedo dejar que suceda en mí, no voy a poder dejar que suceda en ti."



Alba Yagüe Megías:  Cosas que escuché en terapia (Plataforma editorial)