martes, 7 de julio de 2026

espiritualidad

 "A diferencia de las religiones, la espiritualidad no propone ni sistemas de creencias ni ritos salvíficos. Como tampoco pretende controlar mentes ni personas, ni conseguir comunidades organizadas en torno a cultos o con esperanzas redentoras. Y, por lo mismo, no le condicionan lecturas sagradas ni se le imponen personajes más o menos ejemplares. Más bien está al margen y a veces puede que en contra de todo esto, porque lo que pretende es poner al individuo en contacto con la realidad, liberándole de clichés y de dogmas que exigen una sumisión en ocasiones contraria al sentido común."


"También a diferencia de las religiones, que en muchos aspectos temen el progreso del intelecto por lo que supone de cuestionamiento de sus «verdades», no está en contra de la ciencia, sino que más bien tiende a apoyarse en ella para progresar en el descubrimiento tanto de lo humano como de lo divino, porque no parte de condicionantes que enfrentan al hombre con su propio raciocinio. Esto se debe a que coincide con ella en la importancia de la experimentación y en el punto de partida de un desconocimiento que invita a descubrir. Y lo mismo que el buen sabio o científico parte de ese desconocimiento -«solo sé que no sé nada»-, el buen místico se apoya en la pobreza de su ignorancia y en la necesidad de superarla para acercarse al Misterio."


"Pero, eso sí, a diferencia de la ciencia, no intenta desvelar los misterios de la existencia ni dar explicación de los problemas visibles o invisibles. No pretende establecer el porqué de las cosas ni conseguir logros de esos que luego se recogen en los anales de la Historia, porque lo que le preocupa es ayudar al individuo a conocerse y crecer de manera que su progreso personal favorezca el de los demás."


"No se trata de que llegues a conocer perfectamente a Dios, de desvelar sus misterios, sino de que lo saborees aquí y ahora, de inmediato, con todo lo que de positivo entrañará para ti ese disfrute. Y sin perder de vista una elucubración aceptable lógicamente: que bien pudiera ser que, en el tiempo o tiempos posteriores a la muerte, continúe ese mismo disfrute pero desde otra altura, otra maduración o evolución, a la espera de poder adentrarnos como criaturas en la grandeza de nuestro Creador."



Chema Álvarez:  Mística para torpes (Ed. San Pablo)