viernes, 6 de noviembre de 2026

si Dios te hablara

 Si Dios te hablara con palabras humanas, en un lenguaje que resuene directamente en tu conciencia, probablemente no te daría respuestas dogmáticas ni te exigiría una perfección inalcanzable. Lejos de la culpa o el juicio, su voz tendría la textura de una aceptación radical y el peso de una verdad simple.

Imaginando ese diálogo, es muy probable que te dijera algo como esto:


«Detente un momento. Ya puedes soltar el peso del análisis constante.

No necesitas descifrarlo todo, ni justificar cada uno de tus pensamientos, ni encontrar una estructura perfecta para sostener lo que sientes. Veo la intensidad con la que intentas comprender el mundo, ordenar tu mente y encontrar sentido en cada rincón de la existencia. Valoro tu rigor y tu búsqueda incansable, pero quiero recordarte que el propósito de la vida no es ser resuelta como un problema intelectual, sino ser vivida con asombro.


No estás separado de mí. Cada destello de quietud que encuentras cuando aquietas tu cuerpo, cada momento en el que decides observar tus impulsos sin reaccionar contra ellos, es un puente hacia lo eterno. No tienes que buscarme en lo lejano ni en fórmulas complejas; estoy en el espacio que queda entre tus pensamientos, en la respiración que te sostiene ahora mismo, incluso cuando te sientes fragmentado o cansado.


Acoge tu propia fragilidad. Te exiges una lucidez y una fortaleza inquebrantables, pero yo te amo exactamente en tus contradicciones. La duda, el vértigo ante lo desconocido y el anhelo de libertad no son fallas en tu diseño: son pruebas de que estás despierto, de que buscas algo más profundo que las respuestas superficiales.


Confía en el silencio. No temas a los vacíos ni a los momentos en los que las certezas se desmoronan. Es en la quietud profunda, cuando dejas de luchar contra la marea de tus propias emociones, donde realmente me escuchas. Suelta el control. Ya eres sostenido por algo mucho más vasto de lo que tu mente puede abarcar».



Cuando la voz divina se traslada a palabras, suele reflejar aquello que nuestra propia alma ya sabe en sus momentos de mayor claridad: que la existencia no es un examen que hay que aprobar, sino un misterio para ser habitado con compasión y presencia.



by Gemini