"Cuando conocemos a una persona paciente, nos preguntamos si esa persona ha adquirido esta cualidad a través de la dedicación y del esfuerzo, bien si es algo connatural a ella desde que nació. Por más que sepamos que no podemos escudarnos atribuyéndolo a algo congénito, como el color de sus ojos o su género."
"Esta manera de enfocar la cuestión es una manera de engañarse a sí mismo, de esquivar la difícil tarea de aprender a ser paciente. Es probable que existan personas más predispuestas a la paciencia que otras, pero la cualidad de paciencia no es exclusiva de los seres humanos. Es un patrimonio intangible, un bien inmaterial que todos podemos cultivar, un poder espiritual que todos podemos descubrir en las entrañas más íntimas de nuestro ser."
"Todos tenemos una imagen mental de lo que es una persona paciente. Podríamos poner ejemplos que nos son familiares de personas a quienes conocemos y tratamos, tanto en el ámbito familiar como en el mundo laboral. Hay quien pensará en su abuela; otros recordarán a una amiga o a un compañero de trabajo. Observamos que tienen este don, esta cualidad intangible que las convierte en personas excelentes y deseables a la vez. Aunque no siempre lo reconozcamos, nos lo han demostrado en diversas ocasiones. Poseen la virtud de no perder la calma, contener el exabrupto, el insulto o la hiel de sus corazones. Disfrutan de la suerte de no ponerse nerviosos, de no inquietarse, de continuar su trabajo como si no sucediera nada."
"La compañía de una persona paciente nos complace porque sabemos que será tolerante con nuestras imprecisiones y que tendrá cuidado de no ofendernos. Ante una persona así, nos expresamos con naturalidad puesto que no nos hace falta actuar calculadamente, ni temer malentendidos. En ocasiones, esta paciencia que le atribuimos nos puede llevar al descuido, a un exceso de confianza. Al partir del supuesto de que lo aguantará todo, hacemos peticiones que son abusivas. Es el peligro que corren las personas pacientes, que pueden ser instrumentalizadas fácilmente por los demás, al soportarlo todo, o casi todo, en silencio. Es necesario que sepan protegerse antes esos abusos, fijando unos límites."
"La paciencia, como cualquier otra virtud, no es algo que se tenga o se deje de tener; no es un objeto físico que se pueda comprar, vender o alquilar. Es una adquisición interior, una fuerza moral, un poder del alma, una cualidad del ser y no del tener. Es un predicado de la persona, no una posesión material. No se trata de tener o no tener paciencia, la cuestión es ser paciente. Y para llegar a serlo, hay que desear y reconocer el valor de la paciencia. No hace falta inquietarse, si todavía no forma parte de nuestra personalidad moral. También hay que ser paciente con nuestras dosis de impaciencia, manteniendo puesta la esperanza en el futuro. Hasta para adquirir paciencia, hay que ser paciente."
"Hay actividades humanas que requieren especialmente la virtud de la paciencia, como, por ejemplo, la meditación. En el sentido que en occidente se le da al término, la meditación consiste en darle vueltas a una idea, reflexionando sobre ella hasta acabar integrándola completamente en la estructura de la propia personalidad, formando un todo con nosotros. Es una práctica paciente, un movimiento circular que gira una y otra vez sobre sí mismo, pero no es un círculo vicioso puesto que con cada giro se gana en profundidad y amplitud."
"A menudo, la dificultad no radica en aguantar a los demás, en tolerar sus embestidas, sino en soportarse a uno mismo. La paciencia es la fuerza interior que nos permite transigir con el ritmo de los demás y su manera de actuar, pero, antes que nada, es la reciedumbre interna que nos hace falta para enfrentarnos a nosotros mismos. «En esta vida, la paciencia debe ser el pan nuestro de cada día, pero la necesitamos particularmente para nosotros mismos, porque no hay nadie tan pesado como nosotros», escribe Francisco de Sales."
Francesc Torralba: La paciencia (Ed. Milenio)